El muro.
Ya sabe usted, gallego, padres emigrantes.
Todo esto nos lleva a la infancia, sobre los cuatro o cinco años. Recuerdos. El escuchar de conversaciones. Los padres, los caseros alemanes, y puede que algún visitante ocasional de la casa.
Uno, pequeño, metiéndose en las charlas que versaban acerca de que personas presentes tenían parte de la familia del otro lado. Conversaciones entre tristes y nostálgicas. Palabras que contaban los muchos años que hacía que no les veían.
Uno, con la curiosidad despierta, preguntando que por qué, que motivo tenía que no les pudiesen ver. Las respuestas, que no se podía cruzar el muro. Uno no entendía bien que quería decir eso, cara de extrañeza. La cara de extrañeza daba lugar a explicaciones comprensibles: era como una pared en la que no se podía pasar. ¿Por qué? ¿es muy alta?. No, es un poco alta. Pero no es muy alta. Hay gente que sube y salta al otro lado. Pero no se puede. Por que les disparan. Les disparan y a muchos les matan. Uno, pone cara de susto. Uno se queda triste al final.
El entorno: un tubo de hierro del diámetro de una botella de champan, un poco mas alto, pintando de rojo y con una cinta de color negro en el fondo. Dentro una planta. ¿Y esto que es? (los niños siempre preguntando). Eso es un casquillo de una bomba. ¿De una bomba?. Si, de una bomba. ¿Y de donde viene?. Eso lo tiraban desde los aviones. Tiraban muchas. A veces pasaban los aviones y veías el cielo lleno, cuando caían al suelo explotaban. ¿Y esta no explotó?. No, muchas se quedaban sin explotar. Esta le quitamos lo que tenía dentro. Lo que tenía dentro era lo que explotaba. Ahora esta ahí de recuerdo.
Los domingos por la mañana, las sirenas. Sirenas fuertes. Durante unos minutos. Hacían gracia, era un sonido divertido. Mamá, ¿por que suena eso?. Eso es una sirena, suena para recordar la guerra. En la guerra sonaban las sirenas cuando venían los aviones y tiraban bombas. ¿Y por que suena todos los domingos?. Suenan todos los domingos por que los alemanes no quieren que se vuelva a repetir la guerra, y las ponen para que la gente se acuerde de lo malo que era aquello, y no vuelva a haber guerra.
Era 1974. El muro se construyo en 1961. Uno, entonces no lo sabía. No había una conciencia definida del tiempo. Por lo que hablaban parecía que era una cosa que existía desde hacía muchísimo tiempo.
En 1989, afloraron los recuerdos. Aquellos sentimientos que flotaban en el ambiente. Aquellas conversaciones. Aquel entorno. Las sirenas.
Una plácida alegría empezó a invadir el cuerpo…
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